“Resiliencia” es, sin ningún tipo de duda, una de esas palabras cuya utilización parece haberse multiplicado en los últimos años, aunque en ocasiones se haya hecho sin un conocimiento exacto de su significado. Pero existe también un tipo de resiliencia no conocida aún por una gran parte de la población, pero que se antoja vital para el porvenir de nuestro ecosistema. Hablamos de la “resiliencia urbana”.
Si buscamos en el diccionario su significado, comprobaremos que algo o alguien es resiliente cuando es capaz de sobreponerse a circunstancias de adversidad en su existencia. Pues bien, tomando como referencia esta definición, podemos decir entonces que la resiliencia urbana es la capacidad de los sistemas urbanos para mantener su estabilidad cuando se ven sometidos a tensiones, pero también su flexibilidad para adaptarse al cambio de las condiciones.
Y es en esta última característica donde entran en escena los ECCN o nZEB, es decir, los edificios de consumo energético casi nulo. Construcciones comprometidas con el desarrollo sostenible y la eficiencia energética que, en momentos como el actual donde factores intrínsecos como el cambio climático o externos como la escalada de los precios de los carburantes y suministros como la luz o el gas, hacen indispensable que volvamos a poner el foco sobre ellas. Por poner un ejemplo, el gasoil empleado para la calefacción, uno de los más utilizados en los edificios que aún no cuentan con contadores individuales, es hoy un 50% más caro que hace un año.
Con todo ello la Unión Europea estableció hace ya unos años su famosa directiva 2010/31/UE, la cual afecta a todos las edificaciones públicas y privadas de nueva construcción con licencia de obras a partir del 27 de junio de 2020, estableciendo que deberán poseer la catalogación ECCN o nZEB (nearly Zero Energy Building).
Cifras que no dejan lugar a la duda.
Fenómenos como el mencionado cambio climático, el deterioro de la capa de ozono, la deforestación o la aparición de lluvia ácida están causados por las actividades económicas actuales. Entre ellas, la construcción es una de las que más impacto provoca. De hecho, se estima que el “entorno construido” (aquel donde pasamos más del 90% de la nuestra vida) es, en gran medida, culpable de dicha contaminación.
Concretamente, los edificios consumen entre el 20 y el 50% de los recursos físicos según su entorno, teniendo especial responsabilidad en el actual deterioro del medio ambiente la ampliación de la superficie construida. Además, según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE) los edificios son responsables del 38% de las emisiones globales de CO2 y del 35% del consumo de energía.
Así pues, este panorama nos obliga a focalizarnos irremediablemente en los ECCN o nZEB como alternativa de presente… y obviamente de futuro. Vamos a recordar qué son y qué características o ventajas nos aportan a corto y largo plazo.
¿Qué requisitos debe cumplir un ECCN?
En pocas palabras, un ECCN o nZEB es aquel edificio o construcción que posee una demanda energética muy baja gracias a técnicas de diseño y constructivas concretas y que, de igual forma, consigue una alta eficiencia energética con poco o nulo consumo de energía debido al uso de energías renovables o de autoconsumo. Es decir, debe aprovechar al máximo los recursos naturales: luz solar, viento, calor del sol, etc.
El concepto de energía renovable cobra especial importancia ya que se estima que en Europa el consumo energético de los edificios representa un 40% del consumo de energía total, y un 75% de esta energía se produce a partir de combustibles fósiles. Un ejemplo son las calefacciones centrales de gasoil presentes en miles de edificios de nuestro país. Para mitigar su fuerte impacto, España aprobó una norma por la que antes del mes de mayo de 2023 todos los edificios construidos antes de 1998 que posean este sistema deberán instalar contadores individuales.
En cuanto a las características más concretas de los edificios de consumo energético casi nulo, David Abolafio, gerente de Amisur , empresa especializada en la retirada y gestión de amianto en viviendas, apunta las siguientes:
Sostenibilidad.
Un edificio de consumo energético casi nulo debe tener el mínimo impacto ambiental posible, y esto se consigue empleando materiales sostenibles para su construcción.
Además, la fabricación de los materiales de construcción y de sus componentes, ocasiona un impacto ambiental que se inicia en la misma extracción de los recursos naturales indispensables para su elaboración.
Minimización del impacto ambiental y humano.
Para ello se emplean soluciones que minimizan de manera equilibrada los efectos que los materiales de construcción producen sobre el medio ambiente (consumo de energía, producción de residuos y contaminación) así como la salud de las personas que los habitan.
«Un ejemplo claro lo encontramos al realizar una rehabilitación en el edificio, donde debemos prestar especial atención a la detección y correcta gestión de materiales peligrosos y nocivos para nuestra salud y la del medio ambiente como es el amianto, presente en cubiertas, bajantes, ascensores o depósitos» afirma Abolafio.
Aislamiento y estanqueidad.
Para evitar la pérdida de calor interno y los cambios de temperatura por la acción de agentes externos. De esta manera mantenemos el confort y reducimos la demanda energética. La correcta filtración del aire también es clave para que la vivienda esté en las mejores condiciones de salubridad posibles.
Integración de energías renovables.
Como la aerotermia, la geotermia, la biomasa, la energía solar térmica y la fotovoltaica (a través de placas). Sus costes de instalación son variados. «Por ejemplo, la geotermia, al requerir de perforación, es bastante más cara que otras como la aerotermia. Ésta última, además, se utiliza fundamentalmente en las estaciones del año donde la temperatura es más elevada y sólo necesita de un espacio en el que ubicar la unidad exterior» explica el experto.
Conectividad de todos los sistemas.
Para un control global del edificio y, por tanto, para mejorar la eficiencia tanto de electrodomésticos, aparatos electrónicos o los sistemas de calefacción y climatización.
Arquitectura bioclimática.
En los ECCN se aprovechan al máximo las condiciones medioambientales de la zona en beneficio de las necesidades de sus habitantes o huéspedes. Para ello, se diseñan y orientan los edificios de forma estratégica, con el objetivo de conseguir el máximo confort térmico con el mínimo consumo de energía.